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Ntra. Sra. de los Remedios Coronada

ICONOGRAFÍA DE LA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE LOS REMEDIOS CORONADA, PATRONA DE MAIRENA DEL ALCOR

Entre la documentación que posee la Hermandad, apenas cuenta con datos sobre la antigua imagen; sólo existen dos fotografías, una fotocopia de un periódico de 1935 donde aparece una foto de la Virgen en su paso procesional y un grabado que ilustra las Reglas aprobadas por Carlos IV en 1790.

 

Una de esas fotografías, que es de gran tamaño, se encuentra en la sacristía de la ermita y la otra, más pequeña, en la sala que la Hermandad posee en ésta. Además de esas fotografías, también existe una pintura realizada en 1855 y situada en el retablo de la calle conocida popularmente como “del Arco”, que representa a un nazareno y una Virgen con el Niño Jesús en el brazo izquierdo, corona, ráfaga y media luna a sus pies, que se identifican con Ntro. Padre Jesús Nazareno y con la Virgen de los Remedios respectivamente.

 

Teniendo en cuenta que la Hermandad se fundó en 1673, que según la tradición la Virgen se encontraba en el oratorio de la Casa-palacio, que desde allí se trasladó a la ermita y teniéndose noticias de su estancia en ésta a partir de 1633, podríamos suponer que la imagen se realizó en la primera mitad del siglo XVII. Aunque también cuenta la tradición, que el duque de Arcos a finales del siglo XVI intentó llevársela fuera de Mairena y el pueblo se lo impidió, lo que podría adelantar la fecha de ejecución de la imagen.

 

Observando las fotografías y la pintura podemos observar que la imagen respondía al mismo modelo que la Virgen actual, es decir, el modelo iconográfico de la Hodegetria o Virgen Conductora que representa a la Virgen de pie portando al Niño Jesús en su brazo izquierdo. Este modelo representa, además, símbolos, aspectos o virtudes referentes a la Virgen; como la maternidad, la  virginidad y su condición de Reina e Inmaculada. Como madre; la Virgen sostiene al Niño con el brazo izquierdo según el instinto maternal. Como virgen; son  características la belleza y la juventud, la cabeza cubierta por el manto a modo de velo de vírgenes y el manto cruzado en la cintura, que en este caso no lleva, pero es muy característico en muchas imágenes de gloria sevillanas. Como reina; la Virgen porta la corona y el cetro, y el Niño Jesús en lugar de corona lleva potencias. Y a su condición de Inmaculada y a la visión de San Juan en Patmos, aluden la ráfaga (vestida de sol), la media luna bajo sus pies y las estrellas que rematan la ráfaga de la corona.

 

En cuanto a su fecha de ejecución, autor y procedencia no contamos con ningún documento que nos aclare el origen de dicha imagen, pero si atendemos a las características formales de ésta, podríamos situarla aproximadamente en la primera mitad del siglo XVII. Dichas características son; su marcado hieratismo, es decir, un concepto monumental, majestuoso y rígido, que no debe confundirse con inexpresividad; un carácter frontal del rostro y el trazado oval de éste. La mirada de la Virgen era baja, las cejas estaban trazadas a tiralíneas y sus labios esbozaban una dulce sonrisa.

 

Su atuendo apenas difería de la actual forma de vestirla. Se componía de una saya ajustada a la cintura con un cíngulo, el manto y la toca cubriéndole la cabeza,  pero dejando ver su cabello y donde sí se encuentran diferencias, es en el tocado de encajes, que bien no lleva, o bien es tan sencillo que apenas se percibe a simple vista.

 

Si analizamos el grabado observaremos que éste se preocupa más por aspectos globales, como el conjunto del vestido, símbolos y atributos iconográficos, que por el retrato fisonómico que la Virgen.

 

También sigue el modelo de la Hodegetria o Virgen Conductora, pero hay algunos elementos diferentes en lo que a la vestimenta se refiere. Esa indumentaria parece inspirarse en los vestidos de la corte; consta de una basquiña o falda acampanada de tela brocada y adornada con lazos; un jubón o corpiño orlado con puntas de encaje y mangas ajustadas con puños o vuelillos también de encajes, le cubre el busto y el manto, también brocado y ribeteado con puntas de encaje, le cae sobre los hombros a modo de capa y no le cubre la cabeza.

 

El Niño lleva una túnica larga hasta los pies adornada con puntas de encaje en los bordes, las mangas y el cuello, donde forman una gorguera.

 

La cabeza y el cuello de la Virgen se cubren con un rostrillo de encaje que enmarca el óvalo facial, en este caso sólo muestra el rostro y no deja ver el cabello.

 

La corona también es diferente, está formada por un canasto e imperiales y no lleva ráfaga de rayos rematados con estrellas. En este caso, el Niño en lugar de las potencias, porta sobre sus sienes una corona similar a la de la Virgen.

 

Los símbolos relacionados con la visión apocalíptica son la media luna bajo sus pies y la ráfaga en forma de sol representada a la altura de la cabeza, detrás de la corona, y que no se sabe si realmente la llevaba así o es un elemento añadido por el grabador.

 

 

Los atributos reales se recalcan mediante la vestimenta regia y la corona y no se observa con claridad si el objeto de forma redondeada que porta en la mano derecha es o no el cetro. El Niño bendice con la mano derecha y en la mano izquierda sostiene el orbe o esfera terrestre, símbolo de la creación, el gobierno y la redención del mundo.

 

Por último, y no menos interesante, nos queda la pintura de la calle “del Arco” donde se supone que aparece retratada la Virgen de los Remedios junto a Ntro. Padre Jesús Nazareno. Si comparamos esta pintura con el grabado, observaremos que ambas imágenes en general, son parecidas en la disposición del vestido y la ráfaga en forma de sol  que se aprecia detrás de la cabeza de la Virgen. El conjunto del vestido lo forman una saya de color marrón, un manto rojo y  un tocado blanco, el mismo color de la túnica que viste el Niño. No se aprecia con claridad si sostiene o no el cetro en la mano derecha, pero sí se observa la media luna bajo sus pies y el orbe en la mano del Niño Jesús. El modelo iconográfico sigue siendo el de la Virgen Hodegetria o Virgen Conductora de pie y con el Niño Jesús en el brazo izquierdo.

 

El 19 de julio de 1936 esta imagen fue presa de las llamas, quedando destruida como el resto de las imágenes del pueblo. Posteriormente, la Hermandad dispuso de otra imagen donada por la familia de Don José María del Rey, de la que hoy se desconoce su origen, fecha de ejecución y paradero, que sustituyó a la primitiva hasta 1952, año en que se realizó la talla actual de la Virgen. Si se conoce el paradero del Niño Jesús, que fue regalado por el párroco D. Enrique Pruqquer Oropesa a una familia de Mairena. Esa imagen llegó a procesionar como Dolorosa en la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno cuando ésta aún no contaba con la imagen de la Virgen de la Amargura. Parece ser que esta imagen era de barro y el inexorable paso del tiempo hizo mella en ella y hubo de sustituirla.

 

El 12 de junio de 1952 el Mayordomo, D. Antonio Marín Expósito; el segundo Vocal, D. Pablo Marín Expósito y el hermano, D. Andrés de la Peña Méndez firmaron un contrato con el escultor D. Francisco Pascual Reyes para realizar una imagen de la Virgen con el Niño para vestir en madera de ciprés. Su coste ascendió a la cantidad de cinco mil pesetas y quedó fijada como fecha de entrega el 20 de agosto del mismo año.

 

La imagen sigue el mismo modelo que la antigua, es decir, la Virgen Hodegetria o Virgen Conductora de pie y con el Niño sobre su brazo izquierdo según el instinto maternal. La virginidad  se sigue representando, igual que en la anterior, a través de su belleza, su juventud y la cabeza cubierta por el manto a modo de velo de vírgenes. A la visión apocalíptica y a su carácter de Inmaculada se refieren la ráfaga de rayos biselados (vestida de sol) y la media luna bajo sus pies. Y a su condición de Reina aluden el cetro, las dos coronas que posee y la vestimenta regia. Esta vestimenta se compone de la saya; el fajín o cíngulo, manifestación exterior de la virginidad de María; el tocado de encajes; el manto, que también simboliza el manto de misericordia de ascendencia medieval con el que María acoge a todos sus hijos, y las joyas, que obedecen al gusto cortesano de mediados del XIX y al valor simbólico que las identifica con verdades espirituales, con este último fin se colocaban en el pecho del gran sacerdote de Jerusalén.

 

Con respecto a la fisonomía de la Virgen de los Remedios, hay que aclarar que ésta es el fruto de las restauraciones practicadas por los imagineros D. José Paz Vélez y D. Francisco Buiza. Destacan su bello rostro de semblante sereno y encarnadura clara, interrumpida por sus arreboladas mejillas; sus enormes y ensoñadores ojos negros que miran con misericordia a los fieles y su dulce sonrisa, que al contemplarla nos transmite paz y tranquilidad y parece decirnos: “confiad en mí.” El rostro queda enmarcado por una larga cabellera de pelo negro que permanece cubierta parcialmente por el manto.

 

La imagen del Niño Jesús comparte los mismos caracteres iconográficos que casi todas las imágenes similares; lleva corona o potencias y está representado en actitud de bendecir con la mano derecha mientras sujeta con la izquierda el orbe o esfera terrestre, aludiendo así a su condición de redentor del mundo.